La playa de Chanco
Introducción
Chanco, en Chile, es un pequeño y tranquilo pueblo costero ubicado en la Región del Maule, en la provincia de Cauquenes, muy cerca del océano Pacífico. Es conocido por su arquitectura tradicional, su patrimonio cultural y por estar rodeado de naturaleza, campos, bosques y el Parque Nacional Federico Albert. Un lugar sencillo, pero lleno de identidad
Cuando era niño, la playa de Chanco era muy distinta a como se ve hoy.
Había dunas altas, cubiertas de vegetación, y una pasarela de madera desde donde mirábamos el mar. Esa imagen se quedó grabada como parte de mi infancia y de la identidad de este lugar.
Hoy, esa playa ya no existe tal como la recuerdo.
De las dunas vivas al estacionamiento sobre la arena
En el mismo sector donde antes había un cordón dunario grande y bien marcado, ahora vemos:
Autos estacionados sobre la arena.
Juegos infantiles y estructuras muy cerca del borde costero.
Una superficie casi plana, sin esas dunas que antes funcionaban como “muralla natural”.
La ilusión de “más playa”
Si alguien visita Chanco por primera vez hoy, quizás piense que la playa es amplia: en ciertos momentos del día el mar se ve bastante lejos y la franja de arena parece grande.
Pero esa sensación es un poco engañosa.
Lo que realmente ocurrió es que:
El mar, con los años, entró más y más durante las marejadas.
Fue comiéndose la duna y adelantando la línea de costa.
El borde donde hoy estacionamos o caminamos es, en realidad, el lugar donde antes estaba la duna.
Por qué importa tanto perder las dunas
No se trata solo de nostalgia o recuerdos de infancia.
Las dunas costeras cumplen funciones clave:
Son una defensa natural frente a marejadas y temporales.
Actúan como un almacén de arena que alimenta la playa.
Protegen áreas verdes, infraestructura y viviendas tierra adentro.
Son hábitat de flora y fauna propias de la zona costera.
Cuando destruimos o dejamos erosionar las dunas, dejamos la playa y el pueblo más expuestos a los efectos del cambio climático, la subida del nivel del mar y los eventos extremos.
Pensando en las futuras generaciones
Los niños y niñas que crecen hoy quizás nunca alcancen a conocer:
-
una duna grande donde jugar y deslizarse,
-
una pasarela desde donde mirar el mar con respeto y distancia,
-
una playa que se sienta protegida y viva.
¿Qué podríamos hacer por la playa de Chanco?
Este artículo no pretende entregar soluciones técnicas definitivas, pero sí abrir la conversación y dejar registro de lo que está ocurriendo.
Algunas preguntas que vale la pena hacerse como comunidad:
¿Podemos proteger lo que queda de vegetación costera y evitar el paso de vehículos sobre la arena?
¿Es posible avanzar hacia un plan de restauración de dunas, con vegetación nativa y medidas simples como pasarelas y cercos en puntos sensibles?
¿Qué rol pueden jugar el municipio, los servicios públicos y también los vecinos, para que la erosión no siga avanzando sin control?
No esperar a decir “ya es demasiado tarde”
Ojalá este texto sirva como pequeño registro y también como invitación:
a recordar cómo era la playa de Chanco,
a observar con más atención cómo está hoy,
y a preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer para que no se pierda todavía más.


.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario